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Sinthoma y Cultura

Sobre la inutilidad y el plus de goce por César Mazza

SyC
lunes, 30 marzo 2026 / Publicado en CEL, EXTRA - EXTRA

Sobre la inutilidad y el plus de goce por César Mazza

Mi propuesta es partir del binario utilidad/inutilidad (1). La utilidad o servicio para un discurso, e inutilidad como lo que ya no sirve para nada, para ese discurso al que se estaba sirviendo. Entonces, que la misma cosa pueda servir para algo en un cierto discurso y no servir para nada en otro discurso. Hay que destacar que se trata de dos discursos distintos. Digamos que cuando se pasa de un discurso a otro, en una de esas, lo que fue útil o lo que servía a una cierta funcionalidad o a una cierta homeostasis por un efecto del síntoma, luego del análisis esa funcionalidad quedará en la nada, sin servir a nada. Vale decir, que ese goce quedará liberado y tal vez encontrará otra clase de utilidad, singular. El sujeto decidirá qué hacer con esta nueva y distinta inutilidad. Tengamos en cuenta que cuando decimos que algo funciona, aún de la manera más penosa, nos referimos a una cierta homeostasis que tiene que ver con el funcionamiento del fantasma. Cuando un análisis empieza a trastocar el goce de ese funcionamiento, apoyándose en la angustia, el sujeto tendrá la chance de hacer otra cosa, de fabricarse un arreglo distinto a la imposición de ser útil.

Consideremos el texto de Sigmund Freud, “El chiste y su relación con el inconsciente”. La perspectiva que propongo es relacionarlo con el tema de lo útil/inútil, más específicamente en el aspecto de la economía: el placer y, en términos de Lacan, el goce. De esta forma es posible subrayar un efecto de la descarga del placer en la risa. Podemos hacernos un esquema: primero, hay una carga psíquica que queda inutilizada, sin servir ya a la rutina. Segundo, con los restos del funcionamiento rutinario se forma el chiste, lográndose así la descarga en la risa; vale decir, la descarga en el placer.

Uno de los ejemplos que pone Freud es utilizando el término “sociedad económica”: cuando una empresa o cualquier tipo de organización, puede ser una organización analítica o una empresa pequeña -anotemos al margen que Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, habla de empresa analítica- tiene determinados gastos administrativos, hay un balance que hay que hacer… un equilibrio entre esos gastos administrativos y que no tienen que ser muchos, porque de lo contrario la empresa empieza a perder rentabilidad. Ahora bien, si los intercambios de esa empresa son tales que empiezan a crecer y se necesita una organización distinta, tal vez mayor acorde al crecimiento, es necesario invertir, gastar en esos asuntos administrativos porque, de no hacerlo, el crecimiento empezaría a declinar. Hasta aquí este funcionamiento.

Es de destacar el último ejemplo que da Freud en el capítulo 5 de “El chiste y su relación con el inconsciente”, el chiste como fenómeno social, se trata de la relación económica; la economía libidinal con un objeto técnico, la lámpara eléctrica. El esquema es simple y muy potente: el uso de la lámpara eléctrica resultará ser placentero para el que antes tuvo que encender una lámpara de petróleo. Entonces, escribe Freud, cada vez que puedo entrar a una casa y con un solo movimiento activar la luz me recuerda el gasto que tenía en preparar esa lámpara de petróleo y, entonces, eso es un placer; eso tiene que ver con el ahorro. El ahorro va a funcionar como un placer, es un menos, es un menos de trabajo, es un menos de sufrimiento. Sólo si tuve el padecimiento resultará luego un placer. Lo mismo se puede decir de la situación cuando se corta la luz y penosamente tenemos que arreglarnos con una linterna: al volver a tener luz, sentimos placer porque nos ahorramos esta incomodidad. Es decir, que el placer se cuenta como un menos, un menos de goce.

Pero eso todavía no es el chiste, porque la descarga en el chiste es el resultante de una energía que se termina gastando sin ningún ahorro. Es decir que estamos ante un problema económico, un problema económico del análisis, en donde se pueden ubicar determinadas situaciones: supongamos, un tipo que tiene una compulsión, hay un empuje pulsional y en algún momento el analista aprovechando la ocasión, interpreta. Esta interpretación tiene lugar cuando aparece un quiebre, cuando sobreviene la angustia. El efecto que produce esto es que en algún momento logra abstenerse, luego de un trabajo importante de desciframiento de la conexión de esta compulsión con un goce del padre. En la economía libidinal la abstención implica un menos de goce, un ahorro. Un placer por supuesto, que podríamos articular con esa definición de Lacan respecto del deseo como tensión hacia el goce, pero no es el goce. Es una tensión, y se mantiene la tensión, pero todavía no es el gasto, pero ya la ganancia es importante: una cuota de placer que no es para despreciar.

Me parece importante ir ubicando que lo que aparece primero como útil, como utilidad, es un funcionamiento del fantasma donde la fijeza es una forma de satisfacción; cuando se llega a conmover en la experiencia analítica esos objetos, ese objeto pulsional -supongamos la voz, la mirada- se inutiliza porque ya no sirve a ese fantasma, entonces ya no sirve para nada.

En este recorte de la práctica tenemos una condición para la operación del sinthoma con el goce que ya no sirve para nada. Pero todavía no lo es porque esa mengua de goce, si bien es una inutilización, no llega a crear otra cosa, otra satisfacción fuera del programa de goce del fantasma. Jacques Lacan en El Seminario 7, La ética del psicoanálisis (1959-60) arma el siguiente relato en ocasión de su visita a la casa del poeta Jacques Prévert, en la era de Pétain: “en la época de trabajo-familia-patria y el cinto fui a visitar a Saint-Paul-de-Vence a mi amigo Jacques Prévert”, alrededor de una gran chimenea Lacan se sorprende al ver una colección de cajás de fósforos, todas iguales y “dispuestas de una manera extremadamente” (2). Se trata de una instalación formada con cajas de fósforos vacías que están conectadas en una especie de cadena, es una pequeña instalación artística.

La primera cuestión que se puede establecer es respecto de la funcionalidad original de la caja de fósforos. Esta funcionalidad queda inutilizada en la instalación artística porque ya no sirve para guardar fósforos, y lo que hace esa inutilización es elevar el objeto -¡fíjense  qué fuerte!- a la dignidad de la Cosa; es decir, que ya no es un objeto común de intercambio, que se utiliza en tanto valor de cambio (3). Cada caja de fósforo esta inutilizada en su función de caja de fósforo, es decir, está vaciada de sentido. En esta instalación el objeto se eleva a la dignidad de la Cosa, que es das Ding. Lo que tendríamos es una conexión con lo singular: hay algo singular que en este caso el artista hace con ese objeto que desnaturaliza su función y que provee una satisfacción también en singular, ya que si bien algún otro puede llegar a apreciar esa instalación pero, en términos de una satisfacción distinta, impar, porque no habría una satisfacción igual a la otra: la satisfacción del artista es distinta a la satisfacción del público que ve la obra. Salvo que el espectador intervenga en la obra y pase a formar parte de ella, este es uno de los pilares de las vanguardias históricas, Lacan y el postulado de su nuevo lector se ubica en esta perspectiva.

Vale la pena ubicar ese pasaje: “Creo que el shock, la novedad, el efecto logrado por esa agrupación de cajas de fósforos vacías era hacer surgir lo siguiente, en lo que nos detenemos demasiado poco quizá, una caja de fósforos no es simplemente un objeto, sino que puede, bajo la forma, Erscheinung, en la que estaba propuesta su multiplicidad verdaderamente imponente, ser una Cosa” (4).

Volviendo a la formación del chiste, subrayo la condicionalidad en la tercera persona. Este lugar tercero es el que va a sancionar si lo que lo que se instala entrará como chiste, como un dicho más en el disco corriente o como un insulto. La propuesta es ubicar una frase de Lacan: “En las profundidades del gusto…” y ver si puede conectarse con esa condicionalidad del chiste. Es una analogía que leí en Jacques-Alain Miller, cuando presenta El Seminario 5 de Lacan en España, entre el psicoanálisis y el chiste. Considera que la Enseñanza de Lacan en su conjunto es un chiste y para que este chiste, un decir nuevo, con su estatuto de neologismo conceptual tenga su sanción y no quede como un decir más, se requiere de Otro que lo sancione como tal. Pero ese Otro no existe previamente, hay que crearlo, tal es la formulación de la AMP, la Asociación Mundial de Psicoanálisis, un Otro para que el chiste de Jacques Lacan, su Enseñanza, tenga consecuencias.

Entonces, en esta analogía, el psicoanálisis como un chiste, me permito ubicar las condiciones de la tercera persona del chiste, del oyente, de la recepción, la frase de Lacan: “En las profundidades del gusto” (5). Jacques-Alain Miller la rescata en un artículo de presentación de una revista, Élucidation, revista francesa que Germán García hizo traducir en el año 2003. Frase exquisita, donde se consideran las condiciones en una cultura para que “la vía de Freud sea practicable”. Lacan afirma que la vía abierta por Freud necesitó caminar cien años en las profundidades en el gusto para llegar a ser practicable. El psicoanálisis no es un aerolito, remarca Miller, que vino a estrellarse en el discurso universal, existe el caldo de cultivo en una cultura. Es decir, la condicionalidad en una cultura; y no porque sea un recurso natural, sino porque la condicionalidad en una cultura también las hace uno; por ejemplo, en el trabajo del archivo como contexto específico de comparación, según el planteo de Boris Groys.

De acuerdo a este punto, quiero recomendar un artículo que he escrito y se publicó primero en la revista Deodoro, Gaceta de Crítica y Cultura de la UNC (Universidad Nacional de Córdoba) y luego en el blog René de la Fundación Descartes y también en la nueva revista Etcétera, periódico Descartes de abril de este año (2016), que se llama “Revenants en las profundidades del gusto” (Revenants es una palabra francesa que está en la obra de Freud, en “La interpretación de los sueños”). Hay algo que uno puede captar en una ciudad, en una cultura, que está de alguna forma olvidada, algo olvidado, sepultado y que no es una novedad; en todo caso, rescatamos el valor anacrónico, vamos a decir, de algo, de un autor, de un nombre, de un hecho; es decir lo anacrónico, tal como lo plantea Georges Didi-Huberman, entre otros. Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote” plantea el anacronismo deliberado en 1941, en sus ensayos que llevan por título Ficciones.

En lo anacrónico tendríamos algo que retorna porque no fue reprimido, hay una referencia en la “Carta 52” de Freud a Fliess sobre este término. En esa revista Deodoro, una revista con una tirada de 2000 ejemplares, me pidieron un artículo sobre los primeros lectores de Freud en Córdoba. El nombre está vinculado a Deodoro Roca, uno de los protagonista de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba y que fue uno de los lectores de Freud. Entonces, los antecedentes, nuestros antecedentes de los lectores de Freud en Córdoba: Deodoro Roca y también Bermann. Gregorio Bermann fue un psiquiatra, en algún momento vinculado al partido comunista, participó en la Guerra Civil Española, y participó (¡fíjense qué dato! que en la edición de “Otros Escritos” no está) del debate en la Conferencia que da Lacan llamada “La psiquiatría inglesa y la guerra”, allí tiene una intervención en la conversación, al final de la conferencia, con Lacan. También, lo menciona Germán García en su libro de 1978, La entrada del psicoanálisis en la Argentina. Bermann dirige la revista Psicoterapia en 1936 donde publica un artículo de Emilio Pizarro Crespo donde, por primera vez, se lo cita a Jacques Lacan.

También contamos con Juan Filloy, “el hombre de los tres siglos”, entre nuestros antecedentes de lectores de Freud, quien tuvo una activa participación en la Reforma Universitaria. Fue juez y un gran escritor; nació en el siglo XIX, vivió en el XX y murió en el 2000. Autor de una obra fuertísima y que tiene que ver con El Seminario 23 de Lacan, aunque ustedes no lo crean, pero yo no voy a tratar de convencerlos: se puede llegar a leer El Seminario 23 de Lacan, el último y el ultimísimo Lacan, desde un autor cordobés, editado en español, que se llama Juan Filloy, ya lo retomaré.

Hay tres cuestiones que propongo como claves en las afinidades entre su obra y el quehacer del analista. La afinidad con el caldo de cultivo en una ciudad, en una cultura, para que nuestro discurso, para que nosotros, podamos vivir de este discurso, y no vivir por ejemplo del éxito social que es efímero. ¿Cuánto vale el éxito social?, ¿y eso qué tiene que ver con la relación a una causa analítica?, ¿y después tenés una vida privada?  -y después, porque el éxito es para los otros, ¿todo el tiempo vas a estar viviendo para los otros? –  Porque lo que plantea Witold Gombrowicz en su novela Ferdydurke es acertado: el tema de la madurez es, no tanto o no solamente, el lugar que un adulto tiene en el empleo y en la oficina, en lo público, sino en lo que hace en la vida privada.

Volviendo de esta digresión repentina, Juan Filloy entonces, por un lado tiene una obra literaria, en la que dentro de otras cosas habla de una psicosis gongorina, inventa una clasificación de un tipo de personaje que se ha vuelto loco por la atracción que tiene al lenguaje. Por otro lado, establece una correspondencia con Sigmund Freud. A Filloy se le ocurrió que su producción literaria tenía que ver con la obra de Sigmund Freud y le envía, porque sabía que leía en español, una de sus novelas desde Río Cuarto (Córdoba). Y Freud le contesta a los tres meses, dice Filloy: “su respuesta fue muy breve, pero me introdujo un regocijo impresionante que el maestro, haya leído mi literatura” (6). Luego hay otra carta.  Lo interesante es ubicar, a propósito del éxito y la utilidad, el destino de esas dos cartas: la pérdida. Una carta se la robó un periodista de una revista -una de chismes de gran tirada- que le hizo una entrevista y en un momento de distracción se la saca y años después la carta aparece en una subasta en Londres. En cuanto a la otra carta, Filloy tenía un amigo que era médico del Hospital Colonia en Oliva, un gran asilo en Córdoba, y parece ser que ese psiquiatra se murió, o lo removieron de su cargo, y la cuestión que la carta se perdió. Una se la robaron y otra se perdió. El asunto es, ¿le importó eso a Filloy? No, no le importo, lo que le importó es el regocijo del retorno de su mensaje en forma invertida en esas breves líneas de Freud, un goce en singular. No quería hacer chapa con la carta de Freud, “publíquenme”, porque él no quería hacer de la literatura su profesión, en eso se parece a Macedonio Fernández, no quería hacer de la literatura una profesión tal como la de juez. No quería tener un éxito con la literatura, porque aparte había otra cosa, corría un cierto peligro su investidura de juez. Pero la pregunta es, ¿de qué vivía el tipo?, ¿vivía de su sueldo de juez o vivía de ese regocijo con su literatura?

Esta pregunta es clave, ¿de qué vive alguien? Ese mismo punto se puede explayar con lo que se llama el “servicio de los bienes” de El Seminario 7 La ética del psicoanálisis, y algo que se va sustrayendo del servicio de los bienes, esta función que tendría que ver en un punto con la inutilidad. Esta inutilidad, por efecto del análisis, puede ir adquiriendo una función: ahora el sujeto se hace una vida con lo que estuvo segregado.

Todos los años doy un Curso que se llama “Curso de Estudios Lacanianos” en el CIEC (Centro de Investigación y Estudios Clínicos), que es el Instituto Asociado al Campo Freudiano en Córdoba. En algún momento me dediqué durante un año a  comentar la Tesis de Lacan sobre la psicosis paranoica, y ahí encontré cosas absolutamente inútiles para algunos que están apurados en su carrera hacia el éxito… Encontré una frase iluminadora para este tema de la inutilidad. No sé si la tienen presente, el libro está organizado en dos partes, una parte del caso propiamente dicho, y una primera parte que es introductoria del estado de la psiquiatría del momento, la psiquiatría francesa, la psiquiatría alemana, y que se puede leer como Rayuela de Cortázar, si uno se lo toma con humor, porque uno puede ir relacionando, salteando lo que tiene que ver con el caso con la referencia teórica, y eso es formidable.

Hay allí una referencia a Ernest Kretschmer, psiquiatra y neurólogo alemán que Lacan cita para crear esta especie de clasificación vinculando el caso Aimée a una psicosis sensitiva, a diferencia de otro tipo de psicosis en Kretschmer. En ese pasaje de la Tesis Lacan se refiere a la a una obra de Kretschmer Sobre la semiología, describe determinados síntomas, y dice:

“(…) 2) Todos los rasgos de la personalidad sensitiva reaparecen, exagerados, en el delirio, y explican los contenidos mismos del delirio, las oscilaciones de la convicción (vaivenes entre la representación obsesiva y la convicción delirante), la intensidad afectiva de los paroxismos, la ausencia ordinaria de las reacciones agresivas, su carácter únicamente defensivo en aquellas cosas puras, digamos, el acento hipocondríaco del cuadro, la amargura que se experimenta a causa de la propia inutilidad” (7).

Fíjense esta frase, “la amargura que se experimenta a causa de la propia inutilidad”. Es una frase exquisita y se puede verificar en la práctica con algunos pacientes, el lamento, un lamento patético y literal, de que no sirven para nada, de la inutilidad. Se hace patente en la presión social, alguien tiene que ser útil, el loco tiene que ser funcional, no importa que sea loco tiene que ser funcional, es decir, tener un trabajo, un estudio, estar en una cadena de intercambios. Es importante considerar que un tratamiento analítico lo puede sacar a alguien de esa amargura por la propia inutilidad.

Volviendo a Juan Filloy, a las tres vías de las que estaba hablando. Entonces, algunos términos, cierto neologismo respecto de alguna alteración que puede tener algún personaje con el lenguaje, como esta psicosis “gongorina”. Otra, el intercambio epistolar con Freud. Y hay una tercera que se trata de esto, les leo:

“(…) la referencia más importante no se reduce a las certificaciones psicopatológicas que el escritor encontró en algún texto de Freud, a nuestro juicio la conexión más intensa que existe entre Filloy y Freud se remite al estilo, al tratamiento del lenguaje plasmado en su vida literaria, alguien que se ufana de haber tallado más de ocho mil palíndromos, una especie de campeón mundial en un arte que solo vale por su inutilidad despierta la afinidad con el analista” (8).

Por ejemplo: SALTA. Se puede leer de izquierda a derecha y el sentido es uno, pero si lo leemos al revés lo que dice otra cosa: ATLAS. Es un juego con la letra denominado palindromía, es una formación palindromática. Este juego también está en Cortázar, por ejemplo, hay una especie de guiño hacia Filloy en Rayuela, en uno de sus capítulos está incluido un fragmento de su novela Caterva. Por otra parte, en Bestiario hay un pasaje con palindromías. ¿Qué es esto de la palindromía?, qué cosa tan rara, qué cosa tan inútil, ponerse a decir que SALTA es ATLAS. Este juego genera una alteración de la rutina del significado. Si empezamos por las palabras, en una de esas nos ubicamos desde el Atlas de otra manera en la referencia, en la ciudad…

Hay algunas que son muy inquietantes. Podemos ubicar esta frase: “su falta de obligatoriedad”. En cuanto al tema de instalar un discurso, esta posición nos puede enseñar respecto del imperativo: no es obligatorio que sean analistas, su devenir depende del deseo y no del superyó. Sigamos, “la falta de obligatoriedad y su carencia de beneficios ennoblecen su nadería de regocijo incoercible”. Sorprende la íntima conexión entre, por una parte, el goce producido por la creación palindrómica y la divisa firmada por Sigmund Freud, Largo Otium cum dignitate et estudio. Esta divisa, dirá Germán García, se extrae del funcionamiento del inconsciente e interpela el concepto del trabajo como trabajo alienado. Como en la inquietante frase “ateo por Arabia iba raro poeta” de izquierda a derecha y al revés se lee lo mismo; que es otra forma de palindromía.

La apuesta es reinventar la referencia e instalar el psicoanálisis como discurso. Filloy envía desde Río Cuarto a Viena una copia de Op Oloop a Sigmund Freud, que es su novela. “Mi sorpresa fue cuando -dice Filloy- a los tres o cuatro meses, en ese tiempo la correspondencia viajaba por vapor, recibí una carta lacónica que para mí resultó lo suficientemente halagüeña, en la que me decía: he leído su libro con mucho gusto y aprecio la índole de su tema, saludos, felicitaciones”. Podemos apreciar la alegría que testimonia Filloy en recibir su mensaje en forma invertida, el creador del psicoanálisis es el primer lector de su obra. La contingencia que “sufrieron” las cartas, una robada y otra extraviada, en todas las cartas que intercambiaron la suma de la operación es la misma: la pérdida. Curiosa forma de resignificar el valor de la inutilidad. Dice Filloy:

“(…) en un mundo cada vez más banal donde todo se cotiza, todo se concibe, todo no se concibe, ningún ahínco desinteresado, el culto de la palindromía constituye una aberrante aberración, mas, que ganan también lo que se dedican a desentrañar jeroglíficos, charadas, metátesis, crucigrama, logogrifos, metaplasmas, anagramas -psicoanálisis, agregamos- nada por cierto, a no ser el alago de superar el enigma esclareciéndolo y la complacencia de saber que la agudeza y la constancia propia son atributos que categorizan la costumbre de vivir” (9).

Lo prometido es deuda y les hago la conexión con El Seminario 23 . En este libro, Karcino, que está editado, como casi toda su obra por suerte, por una editorial linda de Buenos Aires que se llama El cuenco de plata. Allí está el juego de la palindromía y también un estudio previo, muy divertido y erudito a la vez.

Los títulos de sus obras, sus novelas, tienen todas siete letras, y además, las letras tienen un orden de abecedario (10). Es fantástico lo que hace el tipo con el lenguaje.

Hay algo que me resultó curioso, y lo he descubierto gracias a la lectura de un artículo en la última revista Descartes (septiembre 2015 Nro 24/25) donde hay un artículo de un equipo realizado en la “Lehrhaus der Psychoanalyse” de Hamburgo, Alemania, un equipo de traducción, del francés al alemán. El artículo “Comentario y reflexiones sobre la traducción al alemán del Seminario XXIII de Jacques Lacan” lleva la firma de Max Kleiner alemán. En este artículo empieza a ubicar determinados términos, y descubro que en el primer capítulo Lacan se refiere a un método, a una forma de lectura que le da luz a la operación de Joyce, y ese método de lectura es la palindromía. Adam M’Adam, está en la primera clase del Seminario 23. Entonces no dejo de sorprenderme: ¡esto es Juan Filloy!

En Karcino va haciendo un estudio previo ubicando de dónde viene la palindromía, un estudio en distintas tradiciones, estudio muy erudito, y dice que en un momento que se cansó de documentar. Entonces, sutileza de alguien que se divierte con los textos, aplica a su proceder, a su ensayística, el movimiento de la palindromía: una de las acepciones de la palindromía es camino de vuelta (una retro lectura), leemos de aquí para allá y después de allá para acá, desarmamos todo, es un punto el camino del análisis, es decir, no porque se vuelva a algo pasado, sino porque se desarma lo que está hecho. Entonces dice: “ya en terrenos notoriamente conjeturables me permito retro llevar la investigación hasta el paraíso terrenal”, es decir, llevar la argumentación, la enunciación primera hacia esa ficción de origen. Sigue, “según un humorista inglés, fue palindrómico el lenguaje que se usaba en el jardín del Edén para fundar su tesis compuso así la presentación de Adán y Eva, adicto a su teoría, he tomado a mi cargo la tarea de confirmarla en la siguiente escena, Adán y Eva no eran mudos, hablaban, hasta la serpiente, obviamente hablaron (…) La Biblia no registra su conversación, un dragón mágico, sí”. Arriesgado y burlón, ¡hay que escribir eso! “Como no tengo ningún documento que lo pruebe, siempre la cita falta, el feliz recurso a lo ficcional lo probará”. Este proceder es muy analítico, la lectura en psicoanálisis es la inversión del bovarismo, es decir, de un despertar de una mentalidad donde se cree que las cosas tienen significaciones únicas y estables. La palindromía nunca es pérdida, es ganancia, hay un plus de goce que se da y no se ahorra. Así, aquello que en algún momento apareció como inutilidad luego por una operación sinthomática se transforma en un plus de goce, que tendría que ver con esta clase de instalaciones.

Nada más de inutilidades por hoy, gracias.

 

Referencias:

(1) Este texto fue publicado en el libro Voces de la ciudad, de la editorial Fundación Cultura Analítica (Salta) en 2020, Alejandra Borla compiló algunas participaciones en el Seminario Anual “De qué nos sirve el psicoanálisis. Estudios en torno a la obra de Jacques Lacan” del Centro Freud. Salta, en junio del 2016.

(2) Lacan, Jacques. El Seminario 7 La ética del psicoanálisis. Bs. As.: Ed. Paidós, 1988, p. 141-142.

(3) Este tema se puede seguir en el Libro primero sobre El proceso de producción del capital, en su capítulo sobre La mercancía en Marx, publicado en El capital, en su diferencia con el valor de uso.

(4) Lacan, Jacques. El Seminario 7 La ética del psicoanálisis. Bs. As.: Ed. Paidós, 1988, p. 141-142.

Erscheinung: fenómeno, aparición.

(5) Lacan, Jacques. “Kant con Sade” en Escritos 2. Bs. As.: Ed. Siglo XXI, 1987, p. 744.

(6) Reportaje recuperado de la Biblioteca central de la UNRC, disponible en: http://juanfilloy.bib.unrc.edu.ar/Filloy_repin-dex.php.

(7) Lacan, Jacques. “La psicosis paranoica y su relación con la personalidad”. Bs. As.:Ed. Siglo XXI, 1976, p. 85.

(8) Recuperado en: https://bibliotecadelcentrodescartes.blogspot.com/2016/02/revenants-en-las-profundidades-del.html.

(9) Filloy, Juan. Karcino, Tratado de palindromía. Bs. As.: El cuenco de plata, 2005, p.18.

(10) Ambular, Balumba, Caterva, Churque, Don Juan, Elegías, Finesse, Gentuza, Homesun, Ignitus, Jjasond, Karcino, Lambigú, Llovizna, Mujeres, Nepente, Ñampilm, Op Oloop, Periplo, Quolibe, Recital, Sexamor, Tanatos, Usaland, Vil & Vil, Xinglar, Yo yo y yo, y Zodíaco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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