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Sinthoma y Cultura

Exordio 12

SyC
lunes, 27 julio 2026 / Publicado en EXORDIO, EXTRA - EXTRA

Exordio 12

Un centavo es un centavo

 

Editorial

A Joaquín, por el sendero que se abre

 

Un exordio vale por un exordio

César Mazza

Hay distintas maneras de entrar a un tema, desde el Comité de Redacción de exordio, en este nuevo número, elegimos la tautología, una referencia de Jacques Lacan.

Advertidos de que la manera de entrar en un tema es una forma de estar en el discurso analítico, no hay un medio para llegar a un fin sino un hacer que, desde ya, no supone un más allá del lenguaje objeto que estamos tratando. Hacer una revista de psicoanálisis es una experiencia que prolonga la del analizante, puede ser la ocasión también de comprobar que “no hay metalenguaje”. Precisemos: una enunciación no es un a priori, no hay un saber disponible de antemano, como si se tratara de aplicarlo solo cuando se escribe o edita; ninguna doxa establecida podrá “aplicarse” para apaciguar(1) la enunciación, siempre en singular, que se va gestando en la edición de esta inminente entrega de exordio.

Si nos dejamos tocar por la contingencia del discurso, la Cosa que tratamos, tal vez pase, sobrevenga en “causa de un deseo”(2); así el tema correrá la deriva en su acontecimiento de lectura, en una de esas, una nueva conexión surja de lo que no estaba escrito.

La tautología cada tanto goza de mala prensa, por supuesto depende de quién la enuncie; a veces es considerada una pereza intelectual, una brutalidad de los que se eximen y oponen decididamente a la argumentación, etc.

Roland Barthes en Mitologías(3), en el contexto francés de los años ’50, escribe:

La tautología dispensa de tener ideas, pero al mismo tiempo se agranda e intenta hacer de esa licencia una dura ley moral; de ahí proviene su éxito: la pereza es promovida al rango de rigor. Racine es Racine: seguridad admirable de la nada.

Deteniéndonos en estas líneas de Barthes, solo con ánimo de entrar en clima, además de frases contundentes y lapidarias, encontramos una punta que puede iluminar nuestra exploración del tema. La crítica esencialista aludida por el autor en una investigación sobre la obra de Racine(4) corre con la ventaja del método tautológico. La búsqueda, la aventura indeterminada pronto se detendrá cuando se encuentra una verdad esencial ya dispuesta en lo real (porque Racine es Racine), sin más inventiva que pescarla, como si fuesen peces que se envuelven en una red. Pero, la manera de investigar y leer en psicoanálisis no corre esa ventaja, tomará lo acontecido en la Tyche, el mal encuentro que le ocurre a cada uno, para transformarlo en un hacer con el sinthoma. No se trata de la verdad sino de un hacer con ese real que se presenta sin previo aviso. Entonces, en la contingencia sabemos que irrumpe lo que no está escrito, fuera de la rutina de lo ya sabido, del fantasma ¿podrá encontrar una envoltura formal? A partir de la Tyche, sin dudas, el lugar se tendrá que inventar.

Hace unos años, la suerte hizo que diera con el libro Entretien sur des faits divers de Jean Paulhan, una edición de Gallimard de octubre de 1945 ilustrada por André Lhote, con hojas todavía pegadas, detalle que hacía del libro un objeto aún más atractivo. Había leído esa referencia en La fuga del sentido(5) de Jacques-Alain Miller, el comentario de dos frases tautológicas usadas por Lacan en su texto “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” (Escritos 1). Las coordenadas empezaban a trazarse, entonces, traeremos a escena las frases “un centavo es un centavo” y “la guerra es la guerra” que Lacan extrae del libro de Paulhan. Brevemente, mencionemos que Jean Paulhan (1884-1968), escritor, crítico de arte y editor francés(6), director de la Nouvelle Revue Française no solamente fue una clave en ciertos pasajes de la Enseñanza de Lacan (su novela El guerrero aplicado, es ejemplar en este punto(7)) sino que también fue el que protagonizó la negativa de publicar a Lacan el texto “Kant con Sade” en la revista bajo su dirección. Un hecho que marca, sin dudas, la vida de los actores en juego; en la reciente edición del libro Lacan Redivivus se publica una carta de Paulhan con fecha de 9.1.1963 donde se disculpa con Lacan y deja constancia de que no comparte la opinión de sus colegas de la Nouvelle Revue Française.

Sin nostalgia por lo que nos falta, ni espera de ninguna metáfora

Hablar es incurrir en tautologías
La Biblioteca de Babel, Borges

Entretien sur des faits divers reúne un conjunto de relatos que fueron apareciendo en revistas, a modo de conversaciones entre René Martin (editor del diario Le Spectateur, 1909-1914) y “Moi”. Anotemos al pasar que la expresión fait divers, aparece en los Escritos de Lacan respecto de determinados sucesos descriptos así: “Simple hecho, que bien se puede calificar de diverso, por la diversidad de la creencia que se le asigna, según su fuente y hasta divertido, propiamente hablando, por la materia que tal diversidad ofrece a la propaganda” (Escritos 1, 135). Bernard Baillaud, presidente de la Société des lecteurs de Jean Paulhan se refiere a la cuestión de las noticias (faits divers) de una forma sagaz y elocuente, en los siguientes términos:

El suceso es un incidente parisino. Es urbano, pero carece de cortesía. Es moderno en el sentido de que es consciente de su naturaleza fragmentaria: ha renunciado a expresar una totalidad. Es barroco, acuático, un pescador de perlas.(8)

Entretien sur des faits divers se compone de diálogos entre los personajes René Martin y Moi. Conversaciones donde se cuestiona el aparente curso de acontecimientos, giros inesperados que logran desarmar el sentido cantado y, por momentos, argumentos generales que se invierten lo que estaban afirmando. En otras ocasiones, las paradojas hacen su entrada para trastocar sucesos que pertenecen a la crónica periodística llana. A veces, los diálogos parten de un pasaje de un autor o se intercala un aforismo inscripto en la tradición cultural francesa logrando un contraste, un cambio de tono que convierte el relato en una desopilante historia. Por ejemplo, en el primer capítulo titulado La ilusión de totalidad o las paradojas del espíritu se bosqueja, a partir del primer contacto que tiene una mujer con el retrato de un tal Briand, el tema de la idea preconcebida y la diferencia que se genera o no con la evidencia empírica. Sucede entonces que el encuentro con el mismísimo Briand no modifica la idea que la mujer se imaginó de la persona, “no se parece a él”, exclamó la mujer. René Martin insiste en que la idea preconcebida no se transforma a partir del encuentro con el personaje retratado. Por ejemplo si la mujer lo hubiera encontrado “elegante y locuaz, o distraído”, tal como ella se lo había imaginado:

Briand se hubiera convertido en un símbolo de elegancia o de distracción por el resto de su vida y esta vez con una fuerza tal que cualquier cosa que se pudiera decir o demostrar a la mujer (más todavía: cualquier cosa que ella pudiera ver) en contra de eso, no cambiaría nada.

“Y sin embargo, replicará Moi, en muchos casos aprovechamos la experiencia”. René Martin vuelve a la carga afirmando que “la disposición del espíritu” está íntimamente unida al “juego de nuestra inteligencia”, para rematar su argumento, a propósito de la generalizaciones, nombradas en este diálogo contra la “ilusión del espíritu”, con el recuerdo de una persona (Nivernois) que “conocía” Inglaterra porque había vivido en este país, tenía alguna vaga idea de Rusia y no sabía nada de China; sin embargo “admitía tener una idea precisa de los chinos, una idea un poco más vaga de los rusos y una idea perfectamente confusa de los ingleses”. “Ese es más o menos mi caso”, retruca Moi, para agregar: “pero, ¿no se trata de una burda ilusión que podría disiparse con un poco de reflexión?”.

Vamos al capítulo del que Lacan extrae las tautologías, Un sou est un sou (Un centavo es un centavo). René Martin nos adelanta que percibe algo más, algo distinto en el argumento habitual, Moi cuenta lo que escuchó, distraído en el bar, el diálogo de dos mujeres. Desde ya, subrayemos la manera en que son calificadas esas dos mujeres en razón de la clase social y la subjetividad encuadrada en ella: Moi se pregunta si son “¿grandes damas burguesas, des grues(9)?”. René Martin primerea con una frase insinuante respecto a lo mimético: “Pasa que las unas imitan muy bien a las otras”. “Y las otras a las unas”, dirá Moi para reafirmar el rasgo clasificatorio.

Entonces, una mujer le cuenta a la otra el suceso en su viaje en tren, “tenía un pintor a mi lado. Oh, un hombre elegante, muy bien vestido, un hombre de mundo”. La otra replicará inmediatamente con un comentario usando el adversativo: “Sí, pero viajaba en tercera”. ¿La determinación económica, la imposición de la clase social decide el acontecimiento? A su vez, a partir de la Tyche, ¿qué relato se puede generar? ¿Uno que lo aplaque subordinándolo al metalenguaje de uso habitual u otro que lo tome en su calidad de inédito?

No nos precipitemos, el punto decisivo en el análisis de los conversadores lo tiene el uso de la tautología en cada una de las mujeres. Ante la objeción de la segunda mujer (viajar en tercera clase), cuyo sentido menoscaba el acontecimiento-pintor de la primera, esta responde “un pintor es un pintor”. La segunda mujer retoma el adversativo: “Sí, pero la tercera es la tercera”. Uno de nuestros conversadores, recuerda que esas frases se convierten en refranes, en la misma línea que: “los negocios son los negocios, un centavo es un centavo, en la guerra como en la guerra”. El otro dirá que se trata de argumentos comunes, abstractos que los filósofos utilizan en afirmaciones similares como “A es A”. ¿Qué querían decir esas mujeres? Será que tenían “inquietudes tan serias”. Como fuera, Moi da un giro a ese argumento abstracto, que habitualmente justifica el cinismo del goce: “las cosas son como son”, “un agujero es siempre un agujero”(10). Así, dice Moi, un pintor, es alguien que no hace las cosas de la misma manera que los demás.

La tautología, desde el punto de vista lingüístico, se distingue del punto de vista lógico, dirá Miller. Entonces el segundo término de la misma palabra resuena distinto al primero, ya no tiene la unidad compacta del sentido. Un pintor puede pertenecer a la clase de los pintores, pero este pintor que viaja al lado mío, en tercera, tendrá una significación singular, forma parte de un acontecer. La tautología en la primera mujer de la historia se establece en lo singular, distinta a la otra que replica en una generalidad.

En esta versión resonante de la tautología, la que se pone a danzar por hablar, en el uso de la lengua, anotamos antes que el expectante lector nos abandone, se dé de baja “por exigencia de estilística impecable”(11) un pasaje más de nuestros conversadores de Paulhan.

En cuanto a esta clase de tautologías, Moi dirá: “También me concederá que debajo de este sentido aparente hay un sentido secundario, que está al servicio de nuestra opinión personal” para aventurarse con el tema del interlocutor, el lugar que apuesta para el que escucha. Se trata entonces de un interlocutor que se verá obligado a inventar el sentido porque permanece tácito en ese centavo o esa guerra que aparece en segundo término.

Las cartas sobre la mesa, la cuestión del interlocutor, es la suerte que corre nuestro lector, que empieza a venir, a instalarse en este exordio 12. Sin nostalgia por las bajas de estilística impecable, que es lo que nos falta, cero metonimia y sin la espera de otra metáfora, este exordio vale por lo que vale. Un nuevo Consejo editorial aparece en este número y la sorpresa se nos dona, el texto de María Moreno, su “Amor preceptor” en ocasión de la entrega de su doctorado en honor a una causa, la suya.

 

Notas:

(1) Sin caer en “aplicar” la referencia, solo extraigo una palabra de la cita de Lacan: “Porque Marx, la plusvalía que su cincel, al recortarlo, restituye al discurso del capital, es el precio que hay que pagar para negar como yo que ningún discurso puede apaciguarse con un metalenguaje.” (Lacan, “Radiofonía” en Otros escritos. Bs. As.: Ed. Paidós, 2012, p. 458).

(2) Aquí es oportuno subrayar las líneas de Jacques-Alain Miller donde desarrolla esa articulación entre la Cosa (una subjetividad inherente del inconsciente que habla sin dominio) y la causa de un deseo en el Campo Freudiano (el nombre de cada quién en razón de la destitución subjetiva). Cf. Miller, Jacques-Alain, Extimidad. Bs. As.: Ed. Paidós 2010, p. 142.

(3) Barthes, Roland. Mitologías. Bs. As.: Ed. Siglo XXI, 2003, p. 102.

(4) Poeta, dramaturgo e historiador. Considerado uno de los más grandes escritores de la tradición francesa, maestro del Clasicismo imperante en la Francia del siglo XVII.

(5) Ed. Paidós. Buenos Aires, 2012.

(6) Jean Paulhan fue director de la prestigiosa revista literaria Nouvelle Revue Française, desde la cual ejerció una enorme influencia en las letras francesas. Estuvo estrechamente ligado a los nuevos movimientos políticos e intelectuales de su época, entre ellos la lingüística de Saussure, el psicoanálisis freudiano, la filosofía alemana, el marxismo, la etnología y la fenomenología.
También fue uno de los primeros grandes defensores del cubismo y escribió varios libros sobre arte moderno. Hombre tremendamente ecléctico, escritor de relatos y crítico literario, anarquista y polemista político, místico y buen conocedor del arte de su tiempo, pero sobre todo amante de los juegos, cualidad que se percibe tanto en su forma de pensar como en su escritura. (Fuente: https://www.elbaeditorial.com/autores/jean-paulhan).

(7) Cf. Lacan, Jacques: “Discurso en la Escuela Freudiana de París”, Otros escritos, p. 291 y el comentario de Jacques-Alain Miller Del síntoma al fantasma. Y retorno, Bs. As.: Ed: Paidós, 2018, p. 216.

(8) Recuperado en https://jean-paulhan.fr/livres/entretien-faits-divers. Bernard Baillaud, Doctor de la Universidad París IV-Sorbonne. Presidente de la Société des lecteurs de Jean Paulhan (3, rue des Reculettes, París, 75013), autor de libros publicados en la célebre editorial Gallimard.

(9) Dejamos al lector la traducción de esa expresión.

(10) Cf. Freud, Sigmund: “Reconocimiento de lo inconsciente” en Lo inconsciente, Obras Completas T 2. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva, 1981. p. 2096.

(11) Macedonio Fernández.

 

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